时间  2小时 51分钟

航迹点数 354

上传日期 2015年8月12日

记录日期 七月 2015

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3.99 km

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邻近 Kukak, Alaska (United States)



Marcha realizada el lunes 20 de julio de 2015
Hoy hemos madrugado bastante, puesto que hemos de tomar una avioneta que nos llevará desde Homer hasta la península de Katmai, parque nacional y reserva en la que se encuentra la mayor concentración de osos grizzly de toda Alaska. El vuelo de casi una hora, sobrevuela todo el tiempo el océano Pacífico, dejando unas millas al sur la isla de Kodiak, donde esta variedad de oso pardo alcanza su máxima expresión y tamaño. A la media hora de vuelo empezamos a acercarnos a Katmai, dejando el cabo Douglas y el gran volcán nevado del mismo nombre a nuestra derecha. Unos cuantos islotes antes de que la avioneta empiece a descender y para nuestra sorpresa enfile la misma playa en la que unos minutos después acaba aterrizando sin mayor dificultad. Ya desde lo alto, se podían ver grizzlys por todos los lados, algunos incluso en la playa. Menos mal, que nada más bajar de la avioneta, una joven guía, que dice llamarse Catherine, pero a la que quiere que llamemos Cat, parece saber de qué va la vaina y nos infunde cierta tranquilidad, a pesar de que no vaya armada, ni tan siquiera lleve el famoso spray de gas pimienta que unos días después acabaremos comprando. Tras explicarnos unas pautas muy básicas pero muy importantes en cuanto al comportamiento en el grupo y con respecto a los osos, nos ponemos en marcha. Recorremos los primeros trescientos metros por las rodadas de la avioneta, tras aterrizar en una playa que se encuentra con la marea baja. Nos dirigimos hacia el sur, e inmediatamente abandonamos la playa para irnos adentrando en una vegetación que se nos antoja demasiado alta, para poder ver con margen de seguridad a los muchos osos que rondan por allí. Tras sortear algunos troncos de árboles que hay en la línea de playa, arrastrados por las fuertes marejadas de esta zona, hemos llegado a un senderito bastante pisado, que usan los osos en su recorrido desde el río más cercano hasta la playa. En este primer tramo vamos observando los osos que tras hartarse de salmones, pastan a sus anchas como si de vacas se tratasen. Estamos tan absortos viéndolos a corta distancia, que no nos damos cuenta hasta que tenemos encima a un joven oso que nos entra por detrás y que viene por el mismo sendero que estamos utilizando nosotros. Lejos de irritarse o molestarle nuestra presencia, parece ignorarnos y se sale del camino, poco antes de llegar a nuestra altura, para dirigirse a la playa. Pero no hemos hecho más que reiniciar la marcha, cuando a menos de ocho o diez metros delante de nosotros se levanta una hembra que abriendo la boca y mirándonos de reojo al mismo tiempo, nos ha detectado mucho antes de que supiéramos que se encontraba en el mismo recorrido. Cat nos dice que nos agachemos y guardemos silencio, manteniendo en todo momento la calma. Al parecer con estos poderosos plantígrados hay que hacer lo contrario a lo que nos parecería normal, que es salir corriendo. Según Cat, ninguno de los más de cuatro mil osos que hay en Katmai, tienen en principio ningún motivo para atacar a una persona, salvo que cometa algún error, como podría ser: el de interferir en su camino, realizar alguna acción que pudiera asustarles, o acercarse más de lo prudente a alguna madre con su cría o a alguno de los imponentes machos que incluso marcan distancias con otros parientes, tanto machos como hembras. Menos mal, que antes de subir a la avioneta nos calzaron unas botas de agua, que ahora nos permiten adentrarnos cómodamente en una zona encharcada, cerca del río en el que se encuentra otro grupo de machos y hembras. Hemos cruzado uno de los ríos y por la izquierda nos hemos vuelto a acercar a la playa, en la que un par de grupos de personas con sus guías, observan como dos osos corren tras otro que lleva un salmón en la boca. Parece un documental en el que como suele ocurrir, los perseguidores acaban alcanzando y arrebatando el sabroso bocado al que lo había capturado. Un poco más allá, una hembra con su cría se alejan unos cientos de metros del grupo anterior, hasta que en una tranquila zona de la playa se pone a amamantar a una cría que se nos antoja un poquito grande para seguir mamando, como lo hace. En el regreso, volvemos de nuevo hacia el interior, pues hemos visto a cierta distancia un par de machos, de tamaño considerable, que no paran de pastar, y que sólo de vez en cuando levantan la cabeza para tantear la situación, más que nuestra, del resto de sus parientes. En estos minutos de contemplación, a una distancia un poco mayor, aprovechamos tanto la guía como nosotros para comer una fruta y recordar que con los osos no se puede llevar ningún tipo de comida (sobre todo pescado) que pueda llamarles la atención y producir una situación de riesgo. Tras recorrer otro corto tramo en el interior y cruzar nuevamente el segundo río, nos vamos acercando de nuevo a la playa, para hacer el último trayecto hasta la avioneta por una playa en la que aún nos cruzaremos con otro par de osos, en este caso hembras.
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